Por qué ningún proceso judicial debería enfrentarse sin acompañamiento psicosocial
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Por el equipo de Erradica Coop
En Chile, miles de mujeres inician cada año procesos judiciales relacionados con violencia de género, causas de familia, custodias o pensiones de alimentos. Sin embargo, una parte significativa de ellas no llega al final. No porque no tengan razón. No porque la ley no las ampare. Sino porque el sistema judicial, tal como está diseñado, no considera que detrás de cada expediente hay una persona que siente, que teme, que se agota.
El abandono silencioso de las causas
Según datos del Poder Judicial de Chile, los Tribunales de Familia reciben más de 400.000 causas al año, siendo las más frecuentes las de violencia intrafamiliar, alimentos y cuidado personal. Estudios de organizaciones como el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG) indican que una proporción importante de mujeres víctimas de violencia desiste de sus denuncias o no continúa con el proceso judicial. Las razones son múltiples: miedo a represalias, dependencia económica, presión del entorno, falta de redes de apoyo, y sobre todo, el agotamiento emocional de enfrentar solas un sistema que les resulta ajeno, frío y muchas veces revictimizador.
El proceso judicial no es solo un trámite. Para una mujer que ha vivido violencia, cada audiencia puede revivir el trauma. Cada pregunta del tribunal puede sentirse como una acusación. Cada demora del sistema puede interpretarse como un abandono más.
Lo que pasa en la práctica: la abogada que también contiene
Quienes trabajamos en derecho de familia con perspectiva de género lo sabemos bien: la labor jurídica rara vez se limita a lo jurídico. Las abogadas que acompañan causas de violencia o familia terminan, inevitablemente, siendo también un soporte emocional para sus clientas. Escuchan llantos antes de las audiencias, responden mensajes a medianoche, sostienen a mujeres que no tienen a nadie más a quien llamar.
Esto no es un problema de vocación. Es un problema estructural. Las abogadas no están formadas para hacer contención emocional, y hacerlo sin herramientas adecuadas tiene un costo: el desgaste profesional, el burnout, y en último término, una atención que no puede ser óptima en ninguna de las dos dimensiones.
La pregunta que surge es obvia: ¿por qué seguimos pidiendo que una sola profesional haga el trabajo de varias?
El acompañamiento psicosocial no es un lujo, es una necesidad
La evidencia internacional es clara. Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de organismos de derechos humanos señalan que las mujeres que reciben apoyo psicosocial durante procesos judiciales por violencia de género tienen significativamente mayores tasas de continuidad en sus causas, menor riesgo de retractación, y mejores resultados en su salud mental a largo plazo.
En Chile, la Ley 21.013 sobre maltrato y la Ley 21.430 sobre garantías de la niñez han avanzado en reconocer la necesidad de una mirada integral. Sin embargo, en la práctica, el acceso a equipos multidisciplinarios sigue siendo escaso, especialmente fuera del sistema público y para mujeres que no califican para asistencia jurídica gratuita pero tampoco pueden costear equipos privados.
Por qué nace Erradica
Erradica nace precisamente de esta brecha. Somos una cooperativa de mujeres profesionales — psicólogas, trabajadoras sociales, abogadas — que entendemos que el acompañamiento integral no es un valor agregado: es la única forma ética de acompañar a una persona en un proceso que la afecta en todas sus dimensiones.
Porque una mujer que llega a una audiencia contenida emocionalmente, que entiende lo que está pasando, que tiene a alguien de su lado que conoce tanto su historia jurídica como su historia de vida, es una mujer que puede llegar al final del proceso. Y llegar al final importa.
No solo por la sentencia. Sino porque terminar lo que se empieza, cuando se empieza por justicia, es también un acto de reparación.
Si estás enfrentando un proceso judicial y necesitas acompañamiento, contáctanos. Estamos aquí.